Confieso que no he podido evitar caer en la tentación de ver una serie llena de mujeres que pretenden ser infieles. Empecé a curiosear con un poco de escepticismo porque me había llegado a los oídos que parecía una mezcla entre Mujeres Desesperadas y Sexo en Nueva York, pero la verdad es que me ha sorprendido gratamente, al menos de momento. Es cierto que cae algún que otro tópico en el guión, y que a veces peca de irreal, pero aun así tiene algo que la hace especial, ¿que debe ser?
Durante años se consideraban una minoría oculta bajo el poder masculino. Quedaban siempre en segundo plano resignadas a identificarse con unos estereotipos que a duras penas representaban la realidad. Bajo la falsa apariencia de ser un serial catalán más, Infidels se abre paso en una venganza hacia el dominio de la mirada masculina que tanto marcó el cine en su día.
Las series televisivas están de moda y aparecen tantas que las que quieren destacar necesitan buscar algo que las diferencie, que las identifique. Infidels ha elegido recorrer a una estética cinematográfica que la aleje de las formas televisivas de siempre para hacerse un hueco en el espectador.
El misterio y los pequeños secretos del día a día son el otro arma del que disponen los guionistas para cazar a su público. No presenciaremos asesinatos, no habrá secuestros ni grandes abogados ansiosos de poder. La serie trata de representar la realidad que viven un grupo de mujeres de caracteres y vidas muy distintas.
Reflejar la pugna entre la infidelidad clásica y la fidelidad a los propios principios es uno de los propósitos del guión, que pretende conseguirlo no sólo dando importancia a la palabra, sino contando con el lenguaje cinematográfico: los silencios, las miradas y el estilo de montaje.
Cruz (Ingrid Rubio), Lidia (Montse Guallar), Joana (Montse Germán), Paula (Sílvia Bel) y Arlet (Aina Clotet) dan vida a un grupo de amigas que comparten un propósito en la vida: ser fieles a sí mismas y no dejar que nadie ajeno a su persona decida su destino. Con sus habituales cenas o sus reuniones en la piscina, el grupo de amigas se pone al día de su vida y cotillean sobre todo lo que pueden y más.
A medida que la serie avance, iremos conociendo los secretos que ocultan estas mujeres tan aparentemente sencillas como una enfermedad terminal en una de ellas o el descubrimiento de su homosexualidad por parte de otra.
“Para ser fiel hay que ser infiel” es el lema de esta obra catalana que no dejará indiferentes a aquellas mujeres que busquen una serie con una mirada algo más femenina de lo habitual, y que deje de lado esa masculinidad que ha marcado tanto cada una de las imágenes que llegaban a nuestras pantallas.
Durante años se consideraban una minoría oculta bajo el poder masculino. Quedaban siempre en segundo plano resignadas a identificarse con unos estereotipos que a duras penas representaban la realidad. Bajo la falsa apariencia de ser un serial catalán más, Infidels se abre paso en una venganza hacia el dominio de la mirada masculina que tanto marcó el cine en su día.
Las series televisivas están de moda y aparecen tantas que las que quieren destacar necesitan buscar algo que las diferencie, que las identifique. Infidels ha elegido recorrer a una estética cinematográfica que la aleje de las formas televisivas de siempre para hacerse un hueco en el espectador.
El misterio y los pequeños secretos del día a día son el otro arma del que disponen los guionistas para cazar a su público. No presenciaremos asesinatos, no habrá secuestros ni grandes abogados ansiosos de poder. La serie trata de representar la realidad que viven un grupo de mujeres de caracteres y vidas muy distintas.
Reflejar la pugna entre la infidelidad clásica y la fidelidad a los propios principios es uno de los propósitos del guión, que pretende conseguirlo no sólo dando importancia a la palabra, sino contando con el lenguaje cinematográfico: los silencios, las miradas y el estilo de montaje.
Cruz (Ingrid Rubio), Lidia (Montse Guallar), Joana (Montse Germán), Paula (Sílvia Bel) y Arlet (Aina Clotet) dan vida a un grupo de amigas que comparten un propósito en la vida: ser fieles a sí mismas y no dejar que nadie ajeno a su persona decida su destino. Con sus habituales cenas o sus reuniones en la piscina, el grupo de amigas se pone al día de su vida y cotillean sobre todo lo que pueden y más.
A medida que la serie avance, iremos conociendo los secretos que ocultan estas mujeres tan aparentemente sencillas como una enfermedad terminal en una de ellas o el descubrimiento de su homosexualidad por parte de otra.
“Para ser fiel hay que ser infiel” es el lema de esta obra catalana que no dejará indiferentes a aquellas mujeres que busquen una serie con una mirada algo más femenina de lo habitual, y que deje de lado esa masculinidad que ha marcado tanto cada una de las imágenes que llegaban a nuestras pantallas.
por: Anna Rubio
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