Sexo, drogas y... RocknRolla



La gente pregunta ¿Qué es RocknRolla? Y yo les digo que no tiene nada que ver con thrillers, mafias ni películas convencionales, no no. Es mucho más que eso amigo mío. A todos nos gusta una buena película: a unos lo narrativo, a otros la estética, a otros lo cómico, el ritmo o el guión. Pero RocknRolla es diferente... ¿Por qué? Porque una película como RocknRolla tiene el pack completo.

Y es que la ultima película de Guy Ritchie supone un punto de inflexión en su carrera, dando una vuelta de 180 grados para volver a su exitoso origen. El estilo que le dio fama está empaquetado en esta cinta llena de autohomenajes y referencias a sus dos primeros trabajos, ambos impactaron de lleno en las películas de culto. Durante sus dos horas el director se explaya usando y exprimiendo aquellas características que hacían de Lock & Stock y de Snatch dos películas gamberras, irreverentes y rompedoras. Y es por ello que su principal defecto es una cierta falta de frescura, de innovación; en algunas ocasiones supone un deja vú.

Sin embargo consigue suplir esta carencia a través de un guión muy trabajado que consigue un abanico de situaciones y personajes muy variado y definido. Todos ellos son caricaturas de algún tópico al que se le da una nueva vuelta de tuerca, desde el capo mafioso que aquí se transforma en una rata cobarde hasta el rockero que vive en un mundo de decadencia y aquí reivindica su cultura y muestra ambigüedad. Todos ellos definidos desde su estereotipo con apenas un par de lineas de diálogo –no es que se puedan permitir más tiempo dada la cantidad de historias paralelas y personajes–, tras las que se destruye ese modelo para conseguir que todo resulte más cercano e imprevisible, más humano.

Para llevar adelante los roles el plantel de actores está muy bien seleccionado. Tom Wilkinson interpreta con un cinismo exagerado al capo de una mafia inmobiliaria; Gerard Butler sigue mostrando sus dotes con el papel de mayor protagonismo, no es que cree un personaje tridimensional pero es convincente, y el reto del reparto es excelente dentro de las posibilidades que les brindaban sus roles. Resulta encomiable la tarea de todos ellos, excepto Thandie Newton (la única mujer del reparto) que consigue una frívola femme fatale que no va más allá de lo ya visto en cualquier otra producción. Puede ser un pequeño error de guión ya que su papel en el desarrollo de la historia es importante.

El mayor logro de Ritchie esta vez ha sido el ritmo que ha conseguido imprimir en la película. Mientras las dos nombradas joyas de su filmografía cuentan con un arranque sin fuelle en el que se toma mucho tiempo para definir todo aquello que luego se transformará en el hilo argumental basado en el accidentalismo extremo. El montaje está muy bien trabajado y hace uso de toda clase de recursos para conseguir ese ritmo endiablado desde el mismo inicio de la película, en el que hay por montaje y capacidad narrativa una verdadera declaración de intenciones, parecen explicarte que es un rocknrolla, en realidad te cuentan que va a ser RocknRolla. Además después de unos créditos muy dinámicos te ofrece en solo diez minutos los principales ingredientes que harán de esta una receta explosiva. Su único fallo es que la densidad provocada por tantas situaciones y personajes se cobran parte de ese intencionado ritmo y lo merman en la ultima parte, cuando el clímax debería conseguir aumentarlo, aunque los últimos minutos de la película lo suplen; así como el sorprendente final.

En cuanto a estética esta película trabaja con unos planos muy cuidados, cada uno de ellos hace gala de la fantástica fotografía que ilumina con una mezcla entre el claroscuro y una suave naturalidad los rostros algo duros y las decrépitas localizaciones. La cámara se aprovecha de ello, inquieta y curiosa se fija en todos los puntos posibles desde los que rodar con solvencia y además resuelve con eficiencia cualquier falta de ritmo interno. Si la acción no es dinámica no importa ya que el punto de vista siempre lo es. Si careciera de ello el ritmo de cortes del montaje aprovecha la banda sonora para desmarcarse.

Como comentario final, alabar la naturaleza a medio camino entre el CAMP y el cine negro que rodea la cinta que se acompaña por un pequeño inserto de la homosexualidad. Es agradable y fresco encontrar una película que solo use el tópico como gag y que se salté todo lo demás para meter al personaje gay en medio de un mundo usualmente impensable dada la imagen que da el cine del colectivo. Puede que el tiempo con Madonna a pesar de ser nulamente fructífero puede tener algo positivo.

por: Joaquim Navarro

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