
Diario de una ninfómana es una película basada en el libro de la escritora Valérie Tasso, por lo que podemos anticipar que no se trata de una película normal, sinó de un film visto desde el punto de vista de la sexualidad femenina. Pero ¿puede un director transmitir esa mirada?
El relato nos cuenta las vivencias de una mujer que, desde que descubrió el sexo, su vida gira entorno a ello. Para ella es su mejor forma de expresarse y prioriza el sexo a la búsqueda del amor y la estabilidad, como ella dice: “prefiero que me den un buen polvo,y yo ya le regalaré las flores a él”. Esta mirada es bastante rompedora, podríamos decir que la película muestra una forma de performatividad, puesto que rompe el orden y la ley patriarcal al llevar ella las las riendas del sexo y no se muestra como ser pasivo y protegido del hombre. Por contra, si la actitud de la protagonista se caracteriza de dominante, en las escenas de sexo, hay una tendencia a exhibirla un tanto sumisa, puesto que predominan los planos donde ella esta debajo o se deja llevar por el hombre. Sólo hay dos escenas en las que ella lleve realmente las riendas: en su primera vez y con una relación en la calle con un desconocido.
La puesta en escena está muy cuidada y a la vez nos muestra una serie de analogías. Es así como la casa de la protagonista, Val, sufre una serie de cambios a lo largo de su camino personal. Empieza con una casa que desprende sexo y pasión por todos los lados: colores vivos, rojos, lilas, sábanas de seda y satén, toda una bomba explosiva que acompaña a nuestro personaje en sus momentos más íntimos. Cuando encuentra el amor y vive en el regazo de su amado, el mobiliario sufre un cambio, diríamos una “masculinización” con colores de gradación más marronosa y beige. En su profunda depresión la casa se tiñe de oscuridad, los muebles estan tirados y todo parece realmente tétrico. Por último, al encontrar su autoestima, encuentra la serenidad, las ventanas se abren, la luz entra, todo parece vivo y lleno de energía. Realmente un muy buen trabajo con la decoración. También hay que destacar el juego de espejos con los que nos deleitan en muchos de los planos que dan dinamismo y a la vez le dan un toque de misticismo.
Un pequeño guiño a Eva, la eva del pecado y del sexo, son las manzanas que se come Val en los momentos en que tiene la líbido bien subida. Podríamos decir que si Eva tuviera una forma, seria la de nuestra Val, “pecando” cada vez que se come una manzana u otras cosas.
La película, a parte de ser el punto de vista de una ninfómana, es un manifiesto a la libertad sexual de la mujer. Ella es la protagonista, la narradora, la dueña de sus actos y errores, lleva la iniciativa y aprende a conocerse a sí misma.
Realmente un buen trabajo para un director masculino que ha sabido plasmar notablemente la experiencia de ser mujer y ser sexual, pero no hay que esconder que tuvo la ayuda de la guionista Cuca Canals.
El relato nos cuenta las vivencias de una mujer que, desde que descubrió el sexo, su vida gira entorno a ello. Para ella es su mejor forma de expresarse y prioriza el sexo a la búsqueda del amor y la estabilidad, como ella dice: “prefiero que me den un buen polvo,y yo ya le regalaré las flores a él”. Esta mirada es bastante rompedora, podríamos decir que la película muestra una forma de performatividad, puesto que rompe el orden y la ley patriarcal al llevar ella las las riendas del sexo y no se muestra como ser pasivo y protegido del hombre. Por contra, si la actitud de la protagonista se caracteriza de dominante, en las escenas de sexo, hay una tendencia a exhibirla un tanto sumisa, puesto que predominan los planos donde ella esta debajo o se deja llevar por el hombre. Sólo hay dos escenas en las que ella lleve realmente las riendas: en su primera vez y con una relación en la calle con un desconocido.
La puesta en escena está muy cuidada y a la vez nos muestra una serie de analogías. Es así como la casa de la protagonista, Val, sufre una serie de cambios a lo largo de su camino personal. Empieza con una casa que desprende sexo y pasión por todos los lados: colores vivos, rojos, lilas, sábanas de seda y satén, toda una bomba explosiva que acompaña a nuestro personaje en sus momentos más íntimos. Cuando encuentra el amor y vive en el regazo de su amado, el mobiliario sufre un cambio, diríamos una “masculinización” con colores de gradación más marronosa y beige. En su profunda depresión la casa se tiñe de oscuridad, los muebles estan tirados y todo parece realmente tétrico. Por último, al encontrar su autoestima, encuentra la serenidad, las ventanas se abren, la luz entra, todo parece vivo y lleno de energía. Realmente un muy buen trabajo con la decoración. También hay que destacar el juego de espejos con los que nos deleitan en muchos de los planos que dan dinamismo y a la vez le dan un toque de misticismo.
Un pequeño guiño a Eva, la eva del pecado y del sexo, son las manzanas que se come Val en los momentos en que tiene la líbido bien subida. Podríamos decir que si Eva tuviera una forma, seria la de nuestra Val, “pecando” cada vez que se come una manzana u otras cosas.
La película, a parte de ser el punto de vista de una ninfómana, es un manifiesto a la libertad sexual de la mujer. Ella es la protagonista, la narradora, la dueña de sus actos y errores, lleva la iniciativa y aprende a conocerse a sí misma.
Realmente un buen trabajo para un director masculino que ha sabido plasmar notablemente la experiencia de ser mujer y ser sexual, pero no hay que esconder que tuvo la ayuda de la guionista Cuca Canals.
por: Nur Ortega
1 confessions:
sempre he volgut veure-la... però m'espanta que sigui una merda, n'hi ha que l'hi consideren.