Este ultimo mes se ha vivido una lluvia de galas y festivales que han servido más que nunca como guía de películas a estrenar en España. Pero dejando de lado el penoso trato de las distribuidoras a nuestro mercado me centraré en una película que excepto en los Globos de Oro ha pasado casi desapercibida en el resto de grandes premios, Revolutionary Road. El ultimo trabajo de Sam Mendes ha sido tratado por la crítica y por las productoras con una frialdad irónica dado el tono del film.
La promoción vino dada por su mayor baza, la que más podía acercarla al gran público: los actores principales. El elenco, algo escueto pero sobre cuyos hombros cae el peso del relato. Leonardo diCaprio está sorprendente en el papel de Frank, un joven casado que pierde sus ambiciones en un mundo de Rutina, Kate Winslet encarnando de forma soberbia a su esposa April, una mujer fuerte e idealista ahogada por las labores y responsabilidades como madre y ama de casa. Desde el breve prólogo ambos son retratados por su potencial y por lo abierto de su mentalidad; a medida que avanza el relato todo va acercándose hacia la incomprensión. El verismo que le dan los actores a sus papeles se complica cuando ambos se alejan del espectador en decisiones claramente contrapuestas a lo esperado. También hay que hacer mención a Michael Shannon, cuyo pequeño pero esclarecedor papel eleva la intensidad de las discusiones, aunque se abuse en alguna ocasión de este para guiar a los espectadores.
Sobre la dirección de Mendes aquí su mirada es menos cercana de lo habitual, con planos muy cerrados de bastante duración, diálogos calmados y siempre hacia los personajes pero nunca junto a ellos. Esa es la sensación de distanciamiento que deja en manos del espectador el posicionamiento moral aunque en el final se le den las ultimas pinceladas a una historia que deja esas ilusiones y sueños comunes (como el sueño americano) como un engaño. El propio sistema ejerce una presión invisible sobre todos. Para contarlo quizás no hubiese necesitado de un metraje tan extenso, ni de repetir en exceso ciertas situaciones; pero así el lema es más claro y doloroso. El ritmo es el otro posible achaque, muy pausada e incluso lenta puede aburrir a más de uno si no quiere aprovechar todo el tiempo que se le regala para la reflexión.
En términos de temática es cierto que aborda algunas ideas de American Beauty, la primera y galardonada película del mismo director, sin embargo aquí todo es más serio y más directo. La máscara de felicidad que rodeaba a los protagonistas de la anterior no aparece en ningún momento en esta. Todo es más tosco y más real y por lo tanto mucho menos agradable. No es un filme que vaya para todos los gustos, de hecho ese ritmo junto a la continua reflexión sobre los sueños frustrados forman un drama de difícil digestión.
por: Joaquim Navarro
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