
Un travelling inicial nos deja ver la magnificencia del típico barrio residencial: el día empieza, los maridos se van a trabajar y las amas de casa se ocupan de sus hogares. Nada puede romper la perfección de esa solemne imagen americana. Espera, ¿Qué ha sido eso? ¿Alguien ha disparado una pistola?
Apenas había pasado el primer minuto del episodio piloto cuando una de las protagonistas se pegó un tiro. Marc Cherry, el creador de Mujeres Desesperadas, debió pensar que no hacía falta andarse con rodeos y que un capítulo era suficiente para presentar a sus protagonistas y el misterio que las iba a rodear: el suicidio de una vecina y amiga.
Este fue el pistoletazo de salida (y nunca mejor dicho) de una de las series que devolvió a la ABC el rumbo que había perdido, y es que aunque a simple vista veamos una comedia como tantas hay, los sótanos del barrio residencial de Wisteria Lane ocultan tanto misterio, tragedia y cinismo que es imposible dejarlo pasar.
Bree (Marcia Cross), Lynette (Felicity Huffman), Susan (Teri Hatcher) y Gabrielle (Eva Longoria) son cuatro amas de casa desesperadas que nos abren las puertas a un catálogo de estereotipos: Bree es una ama de casa cuya única misión es alcanzar la perfección en sus tareas; Lynette es una ejecutiva que cambia las reuniones por los pañales y los trabajos domésticos; Susan es una divorciada que no sabe ni poner una lavadora y Gabrielle es una modelo frívola que vive de su cara bonita.
Sin embargo, tras esta máscara de “otra típica serie de la Fox” se esconde una crítica a esa despreocupada clase social. Con una mezcla de humor, ironía, cinismo y sátira se nos da a entender que no es oro todo lo que reluce, que el dinero no compra la felicidad y que América sigue siendo un mundo aparte. Además, a pesar de estar dirigida por un hombre la serie trata de buscar una forma de puesta en escena que explore el deseo femenino y que intenta que las mujeres se sientan identificadas. Veamos sino, la doble cara que ocultan las protagonistas más allá de sus clichés.
Tras la perfección de Bree se encuentra una mujer vacía que intenta reinventarse a sí misma; Lynette es el ejemplo de cómo no rendirse nunca ante nada; Susan enseña que no hace falta ir pidiendo perdón ante el mundo por ser soltera y Gabrielle muestra la otra cara de ese feminismo arraigado en que la mujer siempre es la víctima: mientras goza con los regalos de su marido disfruta del cuerpo de su jardinero. En parte podríamos decir que la faceta cómica de las protagonistas y de sus situaciones desestabilizan las jerarquías sociales tradicionales: aquí mandan ellas.
Tras cuatro años en antena ya era hora de darle un pequeño empujón. La quinta temporada, pues, da un paso de gigante y nos lleva cinco años más adelante: los misterios ya no están solo en el presente sino que deberemos indagar en ese lapso de tiempo para comprender como han llegado hasta aquí.
La serie cuenta con la inestimable ayuda de Mary Alice Young, la suicida del primer episodio, que con su voz en off desde el más allá dará vida a las historias, contará los secretos más recónditos y terminará haciendo que el público derrame alguna que otra lágrima: incluso las historias más divertidas e inversemblantes pueden guardar tragedias incontables.
Así pues esta mezcla de comedia y drama con una irónica sátira de la sociedad produce una gran aceptación entre el público en general, pero también entre comunidades concretas, como por ejemplo, el colectivo homosexual. Desde la primera temporada y hasta la presente se muestra la evolución de un personaje homosexual desde que sale del armario y vive una dura situación de incomprensión hasta la total aceptación de la homófoba de su madre.
Además, en la quinta temporada (todavía en emisión en Estados Unidos) se introducirá algún que otro personaje femenino de tendencia homosexual: el lesbianismo hará sus cameos por Wisteria Lane dejando al público bastante sorprendido.
Aunque hayan pasado ya cinco años, Marc Cherry asegura que le queda cuerda para dos más y que ya tiene la escena final pensada. Sin desvelar nada más, el creador deja que crezca el suspense y que nos invadan los misterios de estas amas de casa tan desesperadas.
Apenas había pasado el primer minuto del episodio piloto cuando una de las protagonistas se pegó un tiro. Marc Cherry, el creador de Mujeres Desesperadas, debió pensar que no hacía falta andarse con rodeos y que un capítulo era suficiente para presentar a sus protagonistas y el misterio que las iba a rodear: el suicidio de una vecina y amiga.
Este fue el pistoletazo de salida (y nunca mejor dicho) de una de las series que devolvió a la ABC el rumbo que había perdido, y es que aunque a simple vista veamos una comedia como tantas hay, los sótanos del barrio residencial de Wisteria Lane ocultan tanto misterio, tragedia y cinismo que es imposible dejarlo pasar.
Bree (Marcia Cross), Lynette (Felicity Huffman), Susan (Teri Hatcher) y Gabrielle (Eva Longoria) son cuatro amas de casa desesperadas que nos abren las puertas a un catálogo de estereotipos: Bree es una ama de casa cuya única misión es alcanzar la perfección en sus tareas; Lynette es una ejecutiva que cambia las reuniones por los pañales y los trabajos domésticos; Susan es una divorciada que no sabe ni poner una lavadora y Gabrielle es una modelo frívola que vive de su cara bonita.
Sin embargo, tras esta máscara de “otra típica serie de la Fox” se esconde una crítica a esa despreocupada clase social. Con una mezcla de humor, ironía, cinismo y sátira se nos da a entender que no es oro todo lo que reluce, que el dinero no compra la felicidad y que América sigue siendo un mundo aparte. Además, a pesar de estar dirigida por un hombre la serie trata de buscar una forma de puesta en escena que explore el deseo femenino y que intenta que las mujeres se sientan identificadas. Veamos sino, la doble cara que ocultan las protagonistas más allá de sus clichés.
Tras la perfección de Bree se encuentra una mujer vacía que intenta reinventarse a sí misma; Lynette es el ejemplo de cómo no rendirse nunca ante nada; Susan enseña que no hace falta ir pidiendo perdón ante el mundo por ser soltera y Gabrielle muestra la otra cara de ese feminismo arraigado en que la mujer siempre es la víctima: mientras goza con los regalos de su marido disfruta del cuerpo de su jardinero. En parte podríamos decir que la faceta cómica de las protagonistas y de sus situaciones desestabilizan las jerarquías sociales tradicionales: aquí mandan ellas.
Tras cuatro años en antena ya era hora de darle un pequeño empujón. La quinta temporada, pues, da un paso de gigante y nos lleva cinco años más adelante: los misterios ya no están solo en el presente sino que deberemos indagar en ese lapso de tiempo para comprender como han llegado hasta aquí.
La serie cuenta con la inestimable ayuda de Mary Alice Young, la suicida del primer episodio, que con su voz en off desde el más allá dará vida a las historias, contará los secretos más recónditos y terminará haciendo que el público derrame alguna que otra lágrima: incluso las historias más divertidas e inversemblantes pueden guardar tragedias incontables.
Así pues esta mezcla de comedia y drama con una irónica sátira de la sociedad produce una gran aceptación entre el público en general, pero también entre comunidades concretas, como por ejemplo, el colectivo homosexual. Desde la primera temporada y hasta la presente se muestra la evolución de un personaje homosexual desde que sale del armario y vive una dura situación de incomprensión hasta la total aceptación de la homófoba de su madre.
Además, en la quinta temporada (todavía en emisión en Estados Unidos) se introducirá algún que otro personaje femenino de tendencia homosexual: el lesbianismo hará sus cameos por Wisteria Lane dejando al público bastante sorprendido.
Aunque hayan pasado ya cinco años, Marc Cherry asegura que le queda cuerda para dos más y que ya tiene la escena final pensada. Sin desvelar nada más, el creador deja que crezca el suspense y que nos invadan los misterios de estas amas de casa tan desesperadas.
por: Anna Rubio
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