Los abrazos distantes


La decimonovena película de Pedro Almodóvar se escapa de su ya habitual registro de drama para adentrarse en el género del cine negro. Un terreno que podría resultarle familiar por compartir pasados oscuros y enterrados, personajes atormentados y situaciones límite. Sin embargo en este filme estos elementos que conseguían proximidad con el público y le hacían cómplice de sus historias no funcionan. El director manchego, pese a contar con un guión bien hilvanado y unos personajes definidos aunque no tan pintorescos como en anteriores ocasiones, ofrece un producto descafeinado tanto en su vertiente dramática como en la de género.

Los aspectos técnicos de esta obra son de gran factura. Todo en lo que concierne a dirección está sumamente pensado y trabajado, todos los planos, movimientos y la puesta en escena rayan lo excelente y empujan al interés al mantener el ritmo. Además existe un juego metacinematográfico gracias al uso que hace de dos elementos de la narración: el rodaje de “chicas y maletas” (una película ficticia que homenajea a “Mujeres al borde de un ataque de nervios”) y las grabaciones de espionaje dentro del mismo rodaje. Gracias a estos elementos consigue una narración aún más fragmentada contando la historia con otros puntos de vista y jugando con recursos cinematográficos. Es una pena que el más dramático, exagerado y, pese a los anteriores adjetivos, coherente esté destripado en el anuncio televisivo. Una mala decisión por parte de los responsables de la promoción ya que rompen la gran sorpresa y tensión que consigue esa escena.

Sin embargo no todo raya este nivel, los actores forman un elenco muy irregular en cuanto a interpretaciones. Luís Homar se enfrenta a un papel difícil que requiere de una comprensión de la psicología holística del personaje muy completa. Es un hombre que ignora su pasado pese a afectarle de lleno pero acompañado por una cierta sed de venganza y por la curiosidad. Tales contradicciones las vehicula con unos cambios de actitud que no convencen. Un grave defecto de cásting dado que es quien controla toda la narración. Por otro lado está Tamar Novas que se encuentra completamente fuera de lugar. Su actuación no resulta nada creíble ni natural y deja en evidencia una supuesta revelación sorpresa al final del filme. El resto de los actores hace una labor comedida y correcta. Lo único especialmente reseñable en este aspecto es el trabajo que formaría parte del proyecto “Chicas y maletas” en la que tanto Penélope como los cameos y Carmen Machi hacen una interpretación gloriosa.

Sorprendente resulta la contradicción entre el estilo de algunos fragmentos, del rodaje ficticio y del final en cuanto a estética. El toque camp clásico de Almodóvar sigue en boga incluso con el uso de algunos momentos de claroscuro y en localizaciones algo más austeras. Cabe decir que el ambiente de cine negro queda diluido con una fotografía suave que confiere un aspecto amable a los personajes.

Y la mejor parte de toda la película pertenece a ese trabajo ficticio de “Chicas y maletas”, tanto los fragmentos cortos como el final en el que se presenta el arranque del montaje destilan una gran cantidad de humor entre lo absurdo y lo cotidiano tan propio del autor. Estas escenas imprimen una cierta cadencia a la película que adolece de un ritmo pertinaz que merma el interés del espectador.En definitiva resulta una tarea muy personal dentro de un ámbito inusual para el director manchego. Aunque es una película de cine negro decente, la comedia que aparece en “Chicas y maletas” atrapa toda la atención del espectador. Es un postre muy dulce y agradable para una comida a momentos amarga y algo pesada.

por: Joaquim Navarro

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